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Pérdidas directas e indirectas

Las pérdidas directas por desastres se refieren a las pérdidas directamente cuantificables, como el número de víctimas mortales y los daños provocados en los edificios, infraestructuras y recursos naturales. Las pérdidas indirectas por desastres incluyen la disminución de la producción o de los ingresos y el impacto en el bienestar de las personas, y generalmente surgen de las interrupciones en el flujo de bienes y servicios como consecuencia de un desastre.

Adaptado de “Understanding Risk: Evolution of Disaster Risk Assessment” (Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación [GFDRR], 2014) y del Informe de Evaluación Global de 2015 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR)

Un hombre observa la escena de la catástrofe tras el tifón Haiyan en Filipinas, 2013
Fuente: Estragos causados por el tifón Haiyan en Filipinas, 2013. UN Photo/Evan Schneider

Las pérdidas económicas ocasionadas por desastres tales como terremotos, tsunamis, ciclones e inundaciones se elevan hoy en día a un promedio de entre 250.000 millones de dólares de los Estados Unidos (en adelante, dólares) y 300.000 millones anuales entre todas las amenazas. Solo en el entorno construido, las pérdidas futuras (pérdidas anuales previstas) se estiman actualmente en 314.000 millones de dólares como consecuencia de terremotos, tsunamis, ciclones e inundaciones. Este es el monto que los países deberían reservar cada año para cubrir futuras pérdidas ocasionadas por los desastres.

Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), 2015a

El costo invisible de los desastres

Se estima que las pérdidas por desastres cubiertas por seguros ascienden a la impactante cifra de 120.000 millones de dólares de los Estados Unidos, pero esto solo representa la punta del iceberg. Visite esta página para obtener más información.

¿Qué son las pérdidas por desastres?

El efecto de un desastre sobre las personas, los edificios y la sociedad se denomina impacto. Las pérdidas (el resultado de verse privado de algo) son una medida (cuantificada o no) de los daños o la destrucción causados por un desastre. No obstante, el impacto de un desastre puede tener un alcance mucho mayor. Entre los impactos más amplios cabe señalar repercusiones sociales y económicas a más largo plazo; por ejemplo en la educación, la salud, la productividad o la macroeconomía. El impacto de los desastres no solo genera pérdidas, también puede generar ganancias para algunas personas y economías; por ejemplo, la demanda de material de construcción y de conocimientos especializados tras un desastre puede traer prosperidad para la industria de la construcción. Por lo tanto, es necesario entender los desastres en términos tanto de impactos como de pérdidas.

Los términos “pérdida” y “daño” suelen utilizarse indistintamente. En el contexto de los conjuntos de datos sobre pérdidas por desastres, las pérdidas son, o bien medidas cuantificables expresadas en términos monetarios (por ejemplo, valor de mercado, valor de reposición) relativas a los activos físicos, o bien recuentos, como el número de víctimas mortales y personas heridas. “Daño” es un término genérico que no se siempre se cuantifica; sin embargo, ello no significa que el daño no pueda medirse y expresarse como pérdida. Los daños en un tejado, por ejemplo, pueden traducirse en términos monetarios (el costo de las reparaciones), que a su vez pueden incluirse en los conjuntos de datos sobre pérdidas.

Las pérdidas directas e indirectas permiten distinguir entre las pérdidas inmediatas y las que se producen con retraso como consecuencia de un desastre. Las pérdidas directas se refieren al impacto físico o estructural causado por el desastre, como la destrucción de infraestructuras a causa de la potencia de vientos fuertes, inundaciones o movimientos del suelo. Los efectos indirectos son los resultados posteriores o secundarios de la destrucción inicial, como las pérdidas por interrupción de la actividad empresarial.

Tener en cuenta por completo todas las pérdidas directas, indirectas e intangibles daría lugar a estimaciones de pérdidas mucho más elevadas que los registros de pérdidas directas, los cuales son más fáciles de cuantificar y más habituales.

GFDRR, 2014a

Muchas pérdidas son difíciles de cuantificar. Por ejemplo, si una amenaza natural destruye un lugar importante desde el punto de vista cultural, se trata de una pérdida directa, aunque cuantificar el valor de dicha pérdida podría resultar difícil. El valor de reposición o de mercado real del lugar y de sus edificios no tiene en cuenta el significado social y cultural ni los servicios que presta a su comunidad. Estos activos más difíciles de valorar se denominan, en ocasiones, “pérdidas intangibles”. En consecuencia, las bases de datos sobre pérdidas por desastres no suelen tener en cuenta los impactos psicológicos (estrés postraumático), culturales y ambientales (contaminación del agua potable, infiltración de aguas salinas, etc.).

Tipos de pérdidas directas e indirectas, cuantificables y no cuantificables.

Representación visual de las pérdidas directas e indirectas, y cuantificables y no cuantificables.

UNDRR (creado con Piktochart)

¿Por qué son importantes las pérdidas directas e indirectas?

Aunque es difícil calcular un valor global, las pruebas a nivel nacional indican que las pérdidas indirectas pueden superar los costos directos, sobre todo si la resiliencia económica es baja. Las pérdidas directas en el entorno construido ocasionadas por el terremoto de Haití de 2010 representaron el 80% de las pérdidas directas totales, pero solo el 47% de las pérdidas totales (si se suman las directas e indirectas). Sin embargo, es poco frecuente que se tengan en cuenta las pérdidas indirectas y otros efectos más amplios que las pérdidas por desastres ocasionan a los hogares y comunidades de ingreso bajo.

Esto se debe principalmente a que puede ser difícil prever y cuantificar las posibles pérdidas indirectas a pesar de su magnitud. El terremoto y tsunami de Tohoku (Japón) de 2011 y las inundaciones de Tailandia son un ejemplo de los impactos mundiales indirectos de los sucesos locales. Aunque el tsunami japonés fue mucho más extraordinario y tuvo una cobertura informativa aparatosa, las inundaciones de Tailandia causaron mucho más daño a las cadenas de suministro industrial a escala mundial.

¿Cómo medimos las pérdidas directas e indirectas?

Contabilizar las pérdidas por desastres es un primer paso para asumir responsabilidades respecto al riesgo de desastres y evaluarlo. Las pérdidas que se han producido a lo largo de la historia nos permiten detectar tendencias, en específico, de las amenazas que se producen con frecuencia, y plantearnos preguntas como:

  • ¿Contribuyen los gastos en reducción del riesgo de desastres (RRD) a cambiar las tendencias de las pérdidas?
  • ¿Son eficaces las labores en materia de RRD?
  • ¿Es el aumento de la población una de las causas del incremento de las pérdidas?
  • ¿Incide el cambio climático en las pérdidas?

Sin embargo, todavía no se conoce la magnitud total de las pérdidas por desastres, ya que la información al respecto suele ser incompleta, incoherente o no se comunica; además, se tienden a contabilizar solo las pérdidas directas.

Para detectar las principales amenazas, distinguir las zonas de grandes pérdidas y determinar las tendencias de las pérdidas en el espacio y en el tiempo, es necesario evaluar, registrar y archivar sistemáticamente las pérdidas por desastres, idealmente de forma exhaustiva. En este caso hipotético, todos los registros sobre pérdidas deberían estar compilados en un único sistema, aunque (normalmente) los organismos nacionales solo registran un subconjunto de amenazas o pérdidas dependiendo de la misión y el ámbito de trabajo del organismo en cuestión. Los organismos geológicos suelen centrarse en los terremotos, los movimientos de masas, los tsunamis y las actividades volcánicas, mientras que los organismos meteorológicos nacionales son responsables de las amenazas meteorológicas e hidrológicas. Por tanto, en la mayoría de los países la recopilación de datos está separada por tipo de amenaza o agente causal. Las fuentes internacionales de datos sobre pérdidas, y en particular la Base de Datos Internacional sobre Desastres (EM-DAT) y Desinventar, han demostrado ser extremadamente útiles tanto para los profesionales como para quienes lleva a cabo investigaciones a escala mundial o regional, ya que los datos son relativamente homogéneos.

Recopilar y compartir estimaciones de pérdidas a través de una base de datos sobre pérdidas (también conocida como inventario) plantea multitud de dificultades, sobre todo a la hora de unificar estimaciones contradictorias procedentes de diversas fuentes. Por tanto, la mayoría de los inventarios de pérdidas presentan algún tipo de sesgo, dependiendo de la fuente de datos, del tipo de información utilizada y del tipo de amenazas que se registren.

Si bien las pérdidas históricas pueden explicar el pasado, no proporcionan necesariamente una buena orientación para el futuro.

Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), 2015a

Gran parte de los datos sobre pérdidas no tienen en cuenta los desastres más pequeños y frecuentes relacionados con el riesgo extensivo. Estas pérdidas las absorben las personas afectadas, lo cual incrementa la pobreza. Sin embargo, cada vez hay más bases de datos nacionales sobre desastres que permiten acceder a estos datos detallados sobre las pérdidas (véase UNDRR, 2015a). Al mismo tiempo, por lo que respecta a la previsión de futuras pérdidas, los datos sobre pérdidas históricas no pueden dar cuenta de todo el abanico de pérdidas que podrían producirse, sobre todo de las relacionadas con el riesgo intensivo, ya que muchos desastres que podrían ocurrir aún no se han producido. La previsión de futuras pérdidas requiere, por tanto, una simulación probabilística de futuros sucesos, como la llevada a cabo para la Evaluación Global sobre Riesgos de UNDRR (2015).

¿Qué podemos hacer?

Tener una comprensión clara de los factores impulsores y las causas de las pérdidas, así como de sus repercusiones sociales, ambientales y económicas, permite a las comunidades pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo a la hora de gestionar las amenazas y el riesgo de desastres. Asimismo, comprender estos procesos ayuda a fundamentar las estrategias y actividades dirigidas a reducir el riesgo de desastres.

Los inventarios de pérdidas son herramientas para la rendición de cuentas y la transparencia en el ámbito de reducción del riesgo de desastres. Proporcionan una base histórica para llevar a cabo un seguimiento del nivel de impacto en una comunidad o país. Esto permite que el impacto de las amenazas individuales sea cuantificable y que las comunidades puedan centrar sus labores de reducción del riesgo de desastres en las amenazas clave y no en el último desastre. Los recursos pueden asignarse por comunidad o por amenaza y utilizarse para dar prioridad a las zonas de mayor riesgo (zonas críticas), o bien centrarse en una amenaza concreta. Sin embargo, basarse únicamente en las pérdidas históricas puede llevar a subestimar el riesgo. Los enfoques probabilísticos tienen en cuenta sucesos históricos, conocimientos de expertos y la teoría para simular sucesos que, físicamente, podrían ocurrir, pero que no están representados en los registros históricos. De esa forma, proporcionan una imagen del espectro total de futuros riesgos más completa que la que generan los datos históricos por sí solos.

Actualizado por última vez el: 18 de enero de 2024

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Bibliografía