Resiliencia
En el contexto del riesgo de desastres, capacidad que tiene un sistema, una comunidad o una sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse, transformarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficiente, en particular mediante la preservación y la restauración de sus estructuras y funciones básicas por conducto de la gestión de riesgos.
Terminología de UNDRR (2017)

¿Qué es la resiliencia?
La resiliencia consiste en prever, planificar y reducir el riesgo de desastres para proteger eficazmente a las personas, las comunidades y los países, así como los medios de vida, la salud, el patrimonio cultural, los activos socioeconómicos y los ecosistemas. En el contexto de la resiliencia, a menudo se utilizan las ideas de “recuperarse”, “avanzar” y “reconstruir mejor”.
La resiliencia está relacionada con la “capacidad” y la “capacidad de afrontamiento”, y suele entenderse de la siguiente manera:
- Resiliencia: aptitud para prosperar ante el riesgo de desastres
- Capacidad: puntos fuertes y recursos disponibles para anticiparse a los desastres, afrontarlos, resistirlos y recuperarse
- Capacidad de afrontamiento: habilidad para afrontar y gestionar los desastres
La resiliencia es un término compartido por muchas disciplinas (por ejemplo, la psicología, la ingeniería y la ecología) y se utiliza en los estudios sobre catástrofes desde la década de 1970. Para muchos especialistas, la resiliencia se considera lo contrario a la vulnerabilidad y, a su vez, similar a la capacidad; sin embargo, otros conciben las capacidades más como atributos de las personas y los hogares, y la resiliencia como la unión de las capacidades con los servicios sociales, institucionales y de información, que permiten que su uso sea eficaz. La resiliencia también hace hincapié en la importancia no solo de gestionar eficazmente el cambio, sino también de mejorar el bienestar frente a diversos riesgos y perturbaciones.
¿Por qué es importante la resiliencia?
Este énfasis en la resiliencia ha surgido de la necesidad de definir principios y medidas para proteger los avances de desarrollo frente a perturbaciones y tensiones. Debido a esta necesidad, la resiliencia se ha convertido en una agenda compartida por quienes se ocupan de hacer frente a las amenazas financieras, políticas, climáticas, de conflictos y de desastres que ponen en peligro el desarrollo. El objetivo de los programas de este ámbito, por tanto, consiste en garantizar que las perturbaciones y las tensiones no provoquen un retroceso a largo plazo en el progreso del desarrollo.
Al igual que la vulnerabilidad, la resiliencia puede analizarse por tipos; por ejemplo, resiliencia económica, social, sanitaria, cultural y ambiental, lo cual nos ayuda a comprender los distintos componentes que la conforman. En el caso de la resiliencia económica, por ejemplo, la resistencia de un país depende, en gran medida, de si un gobierno es capaz de absorber pérdidas financieras. Sin embargo, para mejorar la resiliencia es preciso aplicar estrategias que tengan en cuenta todos los tipos mencionados, de modo que no se potencien algunos componentes a costa de otros.
¿Cómo medimos la resiliencia?
Al medir las tendencias o patrones de resiliencia podemos intentar determinar si las medidas para potenciarla han funcionado.
Se han aplicado diversos enfoques, herramientas y métodos para medirla, los cuales se centran en evaluar elementos como:
- La capacidad tecnológica
- Las cualificaciones y niveles educativos
- La situación económica y las perspectivas de crecimiento
- La calidad ambiental y las instituciones de gestión de los recursos naturales
- Los medios de subsistencia
- Las estructuras y procesos políticos
- Infraestructura
- Los flujos de conocimiento e información
- La velocidad y alcance de la innovación
Como en cualquier otra evaluación, es necesario acotar la escala geográfica y temporal del análisis.
Una forma de poner en práctica y medir la resiliencia es a través de la gestión del riesgo de desastres, la cual ha demostrado su popularidad entre los agentes del desarrollo. No obstante, es necesario seguir investigando para comparar los métodos de medición de la resiliencia y la eficacia de la gestión del riesgo de desastres.
¿Cómo fortalecemos la resiliencia?
Del mismo modo que la vulnerabilidad, la resiliencia puede ser un concepto difícil de entender, en parte debido a las diferencias de opinión entre los especialistas sobre a qué se refiere el concepto, así como a la dificultad que entraña traducir este concepto en medidas prácticas.
Dado que el riesgo y los sistemas son dinámicos, la resiliencia no debe concebirse solo como un resultado, sino como un proceso que implica aprendizaje, adaptación, anticipación y mejora de las estructuras básicas, los actores y las funciones.
A la hora de fortalecer la resiliencia se debe tener en cuenta que pueden producirse varias perturbaciones y tensiones a la vez. Entre las características de un sistema resiliente cabe mencionar:
- Alto nivel de diversidad en lo que se refiere al acceso a activos, la inclusión en la toma de decisiones y disponibilidad de oportunidades económicas.
- El nivel de conectividad entre instituciones y organizaciones a diferentes escalas y el grado de intercambio de información, conocimientos, evaluación y aprendizaje a lo largo y ancho de estas escalas.
- Formas combinadas de conocimiento que se utilizan para anticipar y gestionar el cambio.
- El nivel de redundancia, que permite que fallen esferas concretas sin que se derrumbe todo el sistema (similar al concepto de riesgo residual).
- Distribución equilibrada, equitativa e inclusiva de los riesgos.
- Cohesión y capital social que permiten a las personas recibir apoyo dentro de las estructuras sociales.
Por lo tanto, el fortalecimiento de la resiliencia debe incluir políticas y prácticas que potencien cada una de estas características. Uno de los enfoques en materia de resiliencia consiste en comenzar por una gestión eficaz del riesgo, dadas las grandes similitudes entre el riesgo y la resiliencia en tanto que marcos, las cuales:
- Proporcionan un marco integral para evaluar los sistemas y su interacción, desde el hogar y las comunidades hasta el plano subnacional y nacional.
- Hacen hincapié en las capacidades para gestionar las amenazas o las perturbaciones.
- Ayudan a explorar opciones para hacer frente a la incertidumbre, las sorpresas y los cambios.
- Se centran en la proactividad.
Fuente: Berkes, 2007, Obrist et al., 2010
Por un lado, las medidas para reducir el riesgo de desastres fortalecen la resiliencia; por otro lado, muchas de las medidas adoptadas para mejorar la resiliencia también reducen los riesgos de desastres. Los enfoques resilientes en materia de reducción del riesgo de desastres (RRD) deben servir para:
- Mejorar la cooperación y la armonización de los programas en todos los sectores.
- Invertir en proyectos proactivos a largo plazo que prevean las perturbaciones, reduzcan los riesgos y mejoren las capacidades para gestionar el cambio.
- Armonizar la RRD con otras intervenciones basadas en el riesgo (por ejemplo, prevención de conflictos o protección social, adaptación al cambio climático, etc.).
Tanto el fomento de capacidades como la RRD y la gestión del riesgo de desastres son componentes del aumento y el desarrollo de la resiliencia. Las opciones de gestión del riesgo de desastres deben reconocer la resiliencia como un proceso inherentemente específico de cada contexto.
La capacidad de resiliencia debe reforzarse a todos los niveles, desde el local hasta el internacional. Se trata de prevenir la creación de riesgos, de reducir los existentes y de fortalecer la resiliencia económica, social, sanitaria y ambiental mediante la adopción y aplicación de estrategias y planes nacionales y locales de reducción del riesgo de desastres a lo largo de diferentes escalas temporales que cuenten con metas, indicadores y plazos. Las siguientes capacidades constituyen los cinco requisitos principales para que una sociedad sea resiliente a los desastres.
- Prever el riesgo: conocer y evaluar el riesgo.
- Prepararse para adaptarse: utilizar herramientas de apoyo para la adopción de decisiones ante la incertidumbre de los futuros riesgos (por ejemplo, modelos científicos).
- Compartir y aprender: mejorar la flexibilidad de las personas para hacer frente a distintos obstáculos proporcionándoles mejor información o probando distintos enfoques, mejorando la comprensión de los riesgos y apoyando la flexibilidad.
- Integrar sectores: promover un mayor diálogo y coordinación entre sectores y disciplinas (por ejemplo, el cambio climático).
- Incluir a las personas más vulnerables: gestionar el riesgo en todos los planos, conectar la adopción de decisiones y tener en cuenta a la parte más débil del sistema. Los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y los países de ingreso bajo y mediano siguen careciendo de resiliencia ante el riesgo de desastres.
En última instancia, el objetivo en materia de políticas de reducir el riesgo de desastres, así como las actividades para aplicar esta política, se enmarcan en el proceso y el objetivo comunes de fortalecer la resiliencia.
Johan Rockström y Nathanial Matthews señalan cinco atributos para pasar del riesgo a la resiliencia: diversidad, redundancia, conectividad, inclusividad y equidad, y aprendizaje adaptativo.
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