Conceptos básicos
Explore conceptos clave para respaldar la investigación y la redacción de artículos y análisis exhaustivos.
A lo largo de los decenios se han definido y consensuado varios conceptos y enfoques fundamentales que influyen en la percepción y la comunicación relativas a la reducción del riesgo de desastres.

La diferencia entre amenazas y desastres
Los desastres no son naturales. Sí, hay “amenazas naturales”, como los terremotos, las erupciones volcánicas, las inundaciones o las olas de calor, pero los “desastres naturales” no existen, ya que dichas amenazas no tienen por qué provocar un desastre.
El término “desastre” hace referencia a una disrupción generalizada que afecta la vida y los bienes de las personas, como consecuencia de un suceso o de una serie de sucesos. Si una amenaza natural no causa disrupciones, no se considera un desastre. Así pues, aunque muchas amenazas son inevitables, los desastres no lo son. Es decir, no podemos evitar una erupción volcánica, pero sí podemos impedir que se convierta en un desastre.
El primer paso que usted puede dar como periodista para contribuir es evitar el uso del término “desastre natural” y hablar, en su lugar, de “desastres” o “amenazas naturales”. Esto ayudará a cambiar la forma en que los líderes de opinión y el público general perciben los desastres; y, a su vez, ayudará a promover una mentalidad basada en la prevención y no solo en la reacción.
Reducción del riesgo de desastres
La reducción del riesgo de desastres es el resultado deseado de todas las medidas que pueden adoptarse para disminuir la pérdida de vidas, las lesiones, los desplazamientos, los daños a infraestructuras vitales —incluida la pérdida de acceso a servicios básicos— y las pérdidas económicas que se producen como consecuencia de amenazas naturales o provocadas por el hombre. La gestión del riesgo de desastres es el medio para lograrlo.
Una amenaza se convierte en desastre si concurre con una situación de vulnerabilidad, cuando las sociedades o comunidades son incapaces de hacerle frente utilizando sus propios recursos y capacidades. En pocas palabras, la “reducción del riesgo de desastres” se refiere a la idea de que las posibilidades de que un suceso peligroso dé lugar a un desastre pueden reducirse adoptando las estrategias y medidas adecuadas. Hay muchas formas de prevenir los desastres o atenuar su impacto; por ejemplo, integrando el riesgo volcánico en la planificación urbana, reduciendo el número de personas que viven cerca del volcán, enseñándoles y alertándolas sobre los peligros, preparándolas para la evacuación cuando el volcán entre en erupción, y habilitando refugios para protegerlas
“Si tuviera que elegir una frase para describir el estado mundial, diría que estamos en un mundo en el que los desafíos globales están cada vez más integrados, y las respuestas cada vez más fragmentadas; y si no se invierte esta tendencia, será la receta perfecta para el desastre”.
António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, enero de 2019
No hay nada que menoscabe tanto el desarrollo como los desastres
El mundo ha sido incapaz de salir del círculo vicioso catástrofe-respuesta-construcción-repetición. La financiación se ha centrado históricamente en recoger los restos tras el desastre; sin embargo, este enfoque que funciona a modo de “curita” no es adecuado. Los gobiernos nacionales y locales deben redirigir sus esfuerzos de la respuesta a los desastres hacia la prevención de riesgos.

Los riesgos están interconectados y son sistémicos
Con el aumento de la complejidad e interacción de los sistemas humanos, económicos y políticos —como el sistema financiero internacional, las comunicaciones y la tecnología de la información, el comercio y las cadenas de suministro, las grandes ciudades y la urbanización— los riesgos se han vuelto cada vez más sistémicos. Esto significa que los desastres suelen producirse en cadena, de modo que una amenaza desencadena otra. El término NATECH (del inglés “natural hazard-triggered technological accident”), que hace referencia a desastres tecnológicos provocados por amenazas naturales, permite ilustrar esta idea. La era de reducir el riesgo combatiendo las amenazas una por una ha llegado a su fin; debemos afrontar la naturaleza sistémica del riesgo.
La prevención es rentable
Gracias a la eficacia de los códigos de construcción y otras medidas de reducción del riesgo de desastres (RRD), el terremoto de magnitud 8,8 que tuvo lugar en Chile, en 2010, solo acabo con la vida de una persona por cada 595 afectados; mientras que el terremoto de Haití, aunque fue 500 veces menos potente, mató a uno de cada 15 afectados. El terremoto de magnitud 7,2 que sacudió Christchurch (Nueva Zelandia) en 2010 no causó víctimas mortales. Estas enormes diferencias en las tasas de mortalidad ponen de relieve la necesidad de adoptar un enfoque estratégico multisectorial respecto al riesgo de desastres.
El cambio climático aumenta los riesgos
De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el umbral para limitar el calentamiento global, de modo que no rebase los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, se superará a finales del decenio de 2030 o principios del decenio de 2040. Si se supera el umbral de 1,5 °C, las posibilidades de adaptación disminuirán a medida que los ecosistemas de las regiones áridas y semiáridas colapsen, lo cual aumentará el número de desastres y su magnitud, y provocará migraciones a una escala nunca antes vista. Los procesos para reducir el riesgo tienen multitud de conexiones con la adaptación al cambio climático; sin embargo, son pocos los planes de RRD que tienen en cuenta dichas conexiones (Informe de Evaluación Global 2019). Un estudio reciente de la Universidad de Monash atribuye más de 5 millones de muertes al año al cambio climático, al mismo tiempo, otro estudio publicado en la revista Nature Communications concluye que el cambio climático podría causar un exceso de mortalidad de 83 millones de muertes de aquí a 2100.
¿Qué es la ciencia de la atribución?
La ciencia de la atribución es un campo de la climatología que investiga los vínculos entre el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. Este nuevo campo de investigación que crece con rapidez pretende estimar cómo afecta el cambio climático causado por la actividad humana a la magnitud de estos fenómenos y la probabilidad de que ocurran. La ciencia de la atribución no puede determinar si el cambio climático causó un suceso; sin embargo, sí puede determinar si el cambio climático ha hecho que algunos fenómenos extremos sean más graves y tengan más probabilidades de producirse y, en caso afirmativo, en qué medida.
El riesgo es asunto de todos
Tendemos a transferir la responsabilidad del riesgo a los gobiernos nacionales, pero lo cierto es que esta responsabilidad es compartida y que la reducción del riesgo es asunto de todos. Aunque los gobiernos nacionales y estatales desempeñan un papel central en la reducción de riesgos y la respuesta a los desastres, es necesario empoderar a las instituciones y comunidades locales dotándolas de recursos, así como de responsabilidades en el proceso de adopción de decisiones. Los medios de comunicación también deben ser conscientes de su papel en el fortalecimiento de la resiliencia en todos los planos, desde el local hasta el nacional.
Asociaciones y colaboración
Debemos forjar asociaciones con otras partes interesadas y organizaciones expertas para hacer posible la creación de redes sólidas de intercambio de datos y la elaboración de informes exhaustivos. Las redes de periodistas han demostrado la utilidad de los modelos colaborativos en los que los miembros pueden compartir datos, contactos y consejos.
Conceptos clave
Para obtener información más detallada sobre los conceptos de la reducción del riesgo de desastres, visite nuestra página de conceptos clave.
