Debemos dejar de escribir sobre desastres naturales
Los desastres naturales no existen
Una amenaza solo se convierte en desastre cuando repercute en la sociedad o la comunidad. Las amenazas son naturales, los desastres no.
Las palabras tienen peso. Describir los desastres como naturales sugiere que el ser humano no puede hacer nada para reducir el riesgo de desastres y mitigar su impacto. Sin embargo, una amenaza natural suele convertirse en desastre como consecuencia de decisiones humanas que aumentan nuestra vulnerabilidad y exposición al riesgo.
Aunque muchas amenazas no pueden prevenirse, los desastres sí. Los terremotos, las sequías, las inundaciones, las tormentas, los corrimientos de tierras y las erupciones volcánicas son amenazas naturales que provocan muertes y daños —es decir, desastres— como consecuencia de lo que los seres humanos hacen o dejan de hacer, y no de forma natural (UNDRR, 2010; Wisner et al. 2011).
Lo cierto es que muchos desastres son el resultado de la combinación de amenazas naturales con la vulnerabilidad social y humana, incluidas las actividades de desarrollo que ignoran las condiciones locales peligrosas. Los dos ejemplos de desastres que figuran a continuación ayudan a dilucidar esta cuestión.

“En los últimos veinte años, las reflexiones sobre cómo reducir las pérdidas por desastres se han ampliado enormemente: han pasado de centrarse únicamente en la gestión de desastres a tener en cuenta todos los demás elementos que contribuyen a aumentar el riesgo de pérdida de vidas, lesiones, daños a infraestructuras vitales y pérdidas económicas cuando se produce un desastre”.
Mami Mizutori
Historia de dos terremotos
El terremoto de Haití de 2010 fue particularmente devastador debido a los cuantiosos daños causados en el entorno construido, los cuales se debieron en gran parte a la baja calidad del parque de edificios y a la falta de aplicación de las normas de construcción. Muchas de las estructuras se construyeron de manera informal y ad hoc, y algunos edificios se levantaron en laderas con cimientos o soportes de acero insuficientes.
En cambio, el terremoto de Chile (en el Maule) que se produjo un mes después del terremoto de Haití fue de mayor magnitud (8,8Mw), pero acabó con la vida de muchísimas menos personas (525 muertes en Chile frente a las aproximadamente 160.000 a 200.000 muertes en Haití). Esta gran diferencia se suele atribuir a que los códigos de construcción de Chile son más sofisticados e incorporan el diseño sísmico, así como al cumplimiento de dichos códigos a lo largo de la historia. Las amenazas se convierten en desastres porque su impacto pone en peligro la vida y los medios de subsistencia de las personas.
Los desastres no se producen a menos que las personas y las ciudades sean vulnerables a causa de la marginación, la discriminación y el acceso desigual a los recursos, los conocimientos y el apoyo. La deforestación, la rápida urbanización, la degradación ambiental y el cambio climático agravan aún más estas vulnerabilidades, deliberada o inadvertidamente.
“Lo más importante es entender que los desastres son construcciones sociales. Las personas son vulnerables a los impactos del cambio climático y las amenazas naturales no solo a causa de su contexto geográfico, sino a su situación económica, social, cultural y de género; su acceso a los servicios; su nivel de pobreza; su posibilidad de toma de decisiones y su acceso a la justicia. Para que el desarrollo sea adecuado, debe ir acompañado de una buena adaptación y una buena reducción del riesgo”.
Margaret Arnold
En resumen:
- Describir un desastre como “natural” sugiere que el suceso habría ocurrido independientemente de las decisiones que hubieran tomado las personas, y que estas apenas habrían podido hacer nada por evitarlo, debido a que su origen es natural.
- Atribuir la culpa de las pérdidas por desastres a la naturaleza o a un “acto divino” absuelve a los encargados de adoptar decisiones en posiciones de poder de asumir responsabilidades por haber permitido u obligado a las personas a vivir en condiciones de vulnerabilidad.
- Este uso del lenguaje desvincula las historias relacionadas con desastres de su trasfondo social, político, ambiental y económico, donde la injusticia es una constante.
- Además, actualmente no hay pruebas que sugieran que la comprensión o el interés de un lector respecto a una historia se vean afectados si se utiliza solo el término “desastre”, sin acompañarlo del adjetivo “natural”.
Los periodistas y otros profesionales de los medios de comunicación desempeñan un papel importante a la hora de ayudar a educar a la población y a los líderes políticos sobre la verdadera naturaleza de los desastres y sus causas, de modo que se tomen decisiones sobre políticas que permitan mitigar futuros riesgos.

Narrar la otra cara del desastre
Los reportajes sobre reducción del riesgo de desastres son más profundos, detallados, analíticos e investigativos. Analizan las causas, los problemas y las consecuencias de los desastres. Con un poco de reflexión, son fáciles de idear. Explore preguntas clave y enfoques narrativos para elaborar reportajes sobre el riesgo de desastres y la resiliencia antes, durante y después de los desastres.
Cambiando el discurso del reporteo de desastres
Se trata de un documento informativo dirigido a miembros de la prensa, reporteros y autores para difundir el mensaje de que los desastres no son naturales. Esta ficha informativa se elaboró para explicar por qué ha llegado el momento de dejar de utilizar la expresión “desastre natural” y comenzar a centrarse en las decisiones humanas que convierten las amenazas en desastres.
#LosDesastresNoSonNaturales en el lugar de trabajo: conjunto de herramientas
Estos recursos tienen como objetivo ayudar a quienes trabajan en la reducción del riesgo de desastres, la gestión de emergencias y las organizaciones humanitarias que deseen fundamentar y corregir la terminología utilizada en su lugar de trabajo. Este conjunto de herramientas proporciona información y orientaciones para iniciar diálogos con los colegas y explicarles por qué los desastres no son naturales.
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