Ética
Ética
Guía sobre cómo afrontar los problemas éticos a los que pueden enfrentarse los periodistas al cubrir desastres.
La cobertura de desastres, al igual que cualquier otro reportaje (o tal vez incluso más), plantea varios problemas éticos y de otra índole. Son muchos los obstáculos que aguardan a quienes intentan ofrecer información creíble o dilucidar los conocimientos y datos de los expertos.

El poder de los relatos mediáticos
La cobertura mediática suele ser selectiva, no exhaustiva, y crea discursos que adquieren impulso. Estos relatos son capaces de moldear la opinión pública respecto a los desastres y los diversos agentes que se ocupan de responder a estos. También determinan a quién se culpa de los fallos o a quién se reconoce el mérito de dar una respuesta eficaz ante un desastre.
El huracán Katrina de 2005, que asoló la ciudad estadounidense de Nueva Orleans, y los atentados del 11 de septiembre de 2001 ilustran el poder de la opinión pública que surge de la cobertura mediática. En el primer ejemplo, el metarrelato emergente giraba en torno al fracaso del gobierno. En el segundo caso, el relato mediático creó un apoyo unánime entre la población, los medios de comunicación y el Gobierno. Durante la pandemia de COVID-19 hubo multitud de ejemplos similares de relatos predominantes respecto a las distintas respuestas nacionales.
Los relatos mediáticos cobran fuerza porque los medios de comunicación suelen ser “autorreferenciales”. Los periodistas adoptan la perspectiva de otros compañeros de profesión incluso cuando compiten entre sí. Dicho de otro modo: un tema puede cobrar su propio impulso y atraer cada vez más atención. Es importante reconocer este hecho e intentar interrumpir el bucle cuando es necesario.
Los aspectos éticos de ayudar a las personas en apuros
Informar sobre las guerras, los desastres y las epidemias —y alertar al mundo sobre el sufrimiento y las necesidades humanas—responde a un interés público imperioso. Durante este tipo de tareas, los periodistas se encuentran inevitablemente con personas con necesidades urgentes de refugio, alimentación o atención médica. La decencia humana impulsa a muchos periodistas a ofrecer ayuda y consuelo a las personas que sufren, pero los reporteros no deben beneficiarse de estos actos ni explotar a aquellos a quienes ofrecen ayuda.
Los aspectos éticos del trato con sobrevivientes
Este es uno de los grandes desafíos a la hora de cubrir desastres, especialmente cuando se están produciendo y también durante su fase inmediatamente posterior.
En algunos casos, es posible que los periodistas sean los primeros en llegar al lugar de los hechos, incluso antes que los servicios de emergencia. Aunque su trabajo principal es difundir la información desde ese lugar al resto del mundo, es posible que se encuentren con personas en apuros cuyas necesidades reales estén relacionadas con la atención médica, el consuelo, alimentos, agua y refugio. Se trata de un dilema real al que se enfrentan muchos periodistas especializados en desastres.
Directrices éticas
- Evite tanto el sensacionalismo como sembrar el pánico.
- Muestre sensibilidad ante el trauma y el dolor de los sobrevivientes.
- No presione a la gente para que conceda entrevistas, especialmente a las personas heridas o en situación de dificultad.
- Respete el espacio de las personas afectadas: es frecuente que al principio den la bienvenida a los reporteros, pero que con el paso de los días los rechacen por percibir problemas en la cobertura.
- Si se encuentra con actitudes hostiles por parte de personas que tienen la impresión de que usted u otros periodistas no han presentado la información adecuadamente, no reaccione con agresividad; comprenda el trauma de los afectados, conecte con ellos a nivel humano y no dude en disculparse por haber informado mal cuando proceda.
- No interfiera en las operaciones de rescate.
- Tenga cuidado a la hora de revelar los nombres de los fallecidos; en muchos países, los nombres solo deben revelarse en los medios de comunicación después de que los familiares de los fallecidos hayan sido notificados.
- Evite ampliar el conflicto político.
- Piense detenidamente cómo afectará la cobertura a determinados grupos culturales o étnicos y asegúrese de no contribuir a su estigmatización.
- Valore detenidamente los aspectos éticos de mostrar imágenes de cadáveres y personas en apuros.
- Utilice solo hechos confirmados, también cuando se trate del número estimado de víctimas; compruebe las estadísticas, especialmente en las primeras fases del desastre; si no puede verificar una cifra, dígalo claramente en su reportaje.
- No se apresure a culpar a nadie de la situación. Manténgase neutral ante las controversias; ya habrá tiempo para señalar responsables.
- Evite victimizar a los afectados por un desastre o presentarlos como responsables de su propia desgracia.
- Verifique cuidadosamente las historias sobre héroes y villanos durante un desastre: puede que tengan motivaciones políticas.
- Evite presentarse a sí mismo como un héroe o como parte del drama del desastre.
- Incluya en sus historias información sobre cómo pueden ayudar las personas que no han sido afectadas por el desastre.
- Actúe con calma, como lo haría un científico: espere a que se conozcan los hechos. No presione a las fuentes para que den respuestas inmediatas sobre las causas de los desastres, que a menudo son complejas y solo surgen con el tiempo.
- Atribuya la información que utilice a fuentes debidamente señaladas.
- Respete los conocimientos de los expertos.
- Cuando los expertos discrepen, reconozca la diferencia de opiniones.
- Evite que los expertos hablen de cuestiones ajenas a su ámbito de especialización, especialmente cuando sugieran soluciones radicales.
- Admita sus propias limitaciones de conocimientos.
- Escuche a los miembros de su audiencia y respete sus consejos respecto al impacto de su cobertura.
El interés público frente al derecho del público a saber
Existe un intenso deseo de saber qué está ocurriendo y cómo ello afectará a la vida de las personas durante los desastres, pero el derecho del público a saber puede entrar en conflicto con el interés general de esos mismos grupos. Un ejemplo de ello ocurrió en el norte de Italia, cuando un periódico publicó información filtrada sobre un plan de cuarentena que iba a entrar en vigor un día después. Este informe echó por tierra la cuarentena y creó muchos más problemas de los que resolvió. Antes de filtrar y revelar asuntos tan delicados es necesario llevar a cabo un examen editorial exhaustivo en los niveles más altos de los medios de comunicación, y el imperativo periodístico de ser el primero en publicar la noticia no debe ser el único factor que se tenga en cuenta.
La filtración de un plan de cuarentena de 16 millones de personas a causa del coronavirus desata el caos en Italia
Italia registró el domingo su mayor aumento diario de muertes por coronavirus y se sumió en el caos después de que se filtraran a la prensa los detalles de un plan para poner en cuarentena a más de 16 millones de personas, lo que provocó el pánico entre miles de personas que intentaron huir.
Noticias falsas y verificación del contenido de los medios sociales
La información obtenida a través de los medios sociales tiene un valor incalculable para los periodistas, pero también entraña una serie de problemas. Los contenidos que circulan en los medios sociales a menudo incluyen rumores, alarmismo, puntos de vista sesgados, soluciones mal enfocadas, predicciones infundadas, falsos remedios, mitos peligrosos, videos descontextualizados o recontextualizados y perspectivas que estigmatizan a determinados grupos sociales.Los periodistas de todo el mundo utilizan varias técnicas de verificación para detectar noticias falsas, evitar la difusión de información errónea y salvaguardar su propia credibilidad.
Entre ellas, cabe destacar el análisis de las cuentas de los medios sociales desde las que se origina la información, la búsqueda inversa de imágenes, el análisis de videos y la verificación periodística, que puede ser tan sencilla como ponerse en contacto con la persona que difunde la información.
Los datos son importantes, pero requieren trabajo duro y paciencia
Los datos contrastados son fundamentales en todas las fases de la cobertura de desastres y a la hora de fomentar la resiliencia. Los datos son fundamentales para adoptar decisiones informadas sobre cómo actuar. Las personas quieren saber qué está pasando, tanto si se trata del riesgo como del impacto o de la preparación. Los gráficos y diagramas de los reportajes publicados por los medios de comunicación tienen mucho más impacto en la audiencia y la ayudan a comprender mejor la información.Los datos representan la realidad, pero, por supuesto, entrañan dificultades.
Una de ellas es que quizá no estén completos. Otra es que los datos se presentan en el lenguaje de los expertos, y los periodistas deben realizar el trabajo necesario para entender qué representa cada indicador o dato, tal y como ha ocurrido con toda la información relacionada con la pandemia de COVID-19, que abarca desde el número básico de reproducción de una infección (R0) hasta las tasas de mortalidad, el exceso de mortalidad, las tasas de recuperación, los tipos y cantidades de pruebas, y los impactos económicos.Detrás de cada dato hay un fundamento científico, que difiere de un desastre a otro. Por esta razón, los periodistas deben realizar los deberes necesarios para entender aquello de lo que están hablando los científicos, de modo que puedan estar seguros de no tergiversar su significado al llevar a cabo un reportaje.Los periodistas tienen derecho a exigir datos a las autoridades, pero es posible que dichos datos no existan o que sea demasiado precipitado hacerlos públicos.
Así pues, es importante ser paciente y realista, y evitar adoptar posturas de confrontación sin ser consciente de las diversas razones por las que no siempre se dispone de datos fácilmente.

Afrontar la complejidad y la incertidumbre
Los expertos pueden tener la impresión de que los periodistas simplifican en exceso sus puntos de vista y no reflejan la complejidad de la situación. Lo cierto es que este punto de vista no es del todo infundado. A menudo no existen respuestas claras; cuando nos encontramos frente a dilemas complejos, es necesario valorar cuidadosamente las prioridades, en lugar de buscar una respuesta rotunda de “sí o no”. Un ejemplo son los debates sobre la imposición y el levantamiento de los confinamientos durante la pandemia de COVID-19, con imperativos contrapuestos en torno a la vida y los medios de subsistencia o la riqueza y el bienestar.
Para afrontar la complejidad y la incertidumbre que abundan en situaciones críticas como los desastres, es importante:
- Reconocer que las situaciones de la vida real son complejas y que a menudo no hay una única respuesta clara.
- Comprender la lógica que subyace a cada una de las prioridades contrapuestas y reconocer que todas ellas pueden ser válidas.
- Hacer hincapié en el contacto a largo plazo con expertos, así como en el desarrollo y la formación de reporteros en estos ámbitos.
- Desconfiar de las soluciones unilaterales o simplistas a problemas complejos.

